Papel crítico 96

 

Maïwenn Raoul*

Université Sorbonne-Nouvelle. CREDA/IHEAL (Francia)

La casa como laboratorio. Finanzas, vivienda y trabajo esencial

Autores: Luci Cavallero y Verónica Gago

Páginas: 55

Editorial: Editorial Tinta Limón y Fundación Rosa Luxemburgo, 2022

Ciudad: Buenos Aires

* Correspondencia a / Correspondence to: Maïwenn Raoul. Université Sorbonne-Nouvelle. CREDA/IHEAL (Francia) – maiwenn.raoul@sorbonne-nouvelle.fr – http://orcid.org/0000-0002-7028-4112.

ISSN 1695-6494 / © 2023 UPV/EHU

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En marzo de 2020, frente al Covid-19, quedarse en casa se presenta como una de las soluciones para frenar la pandemia y «la casa» se convierte entonces en el lugar supuestamente protegido y protector. ¿Cómo podemos pensar estos imperativos a la luz de las perspectivas feministas que, desde hace varias décadas, muestran y destacan que el hogar no es necesariamente un refugio, un lugar seguro y aislado de la violencia, sino lo contrario? ¿Cómo transformó la pandemia las metas que se cristalizan en «el hogar»? ¿En qué medida transformó el espacio doméstico, el trabajo que lo constituye y las prácticas que se desarrollan en él? ¿Y cómo estos últimos se transformaron y reorganizaron? ¿Hasta qué punto el hogar puede ser un refugio, cuando el pago del alquiler se hace imposible?

En línea con estas cuestiones, las sociólogas y activistas argentinas Luci Cavallero y Verónica Gago publicaron en 2022 un libro relativamente corto en la forma pero denso en el contenido, que aborda las perspectivas que abre en estos tiempos «post-pandémicos»: La casa como laboratorio. Finanzas, vivienda y trabajo esencial. Transformaciones de las deudas, intensificación del trabajo doméstico, inmersión de las plataformas financieras y de las tecnologías en el hogar: muchas evoluciones se produjeron durante la crisis del Covid-19. Observándolas desde la casa, la lectura de este libro da acceso a recorridos de múltiples in­terro­ga­cio­nes que están en juego en el corazón del hogar, este espacio multifacético en plena metamorfosis. A partir de una encuesta realizada durante la pandemia en barrios populares de Buenos ­Aires1, complementado con un trabajo que realizan desde hace varios años en Argentina con «metodología feminista», las autoras parten de cuatro dinámicas que se entrecruzan y se desarrollan en el seno de los hogares durante la pandemia: i) aumento de la deuda doméstica y ii) de alquiler; iii) reorganización e intensificación de las jornadas de trabajo reproductivo y productivo; iv) intrusión de la tecnología financiera en el hogar (teléfonos móviles, dinero electrónico y bancos digitales) que deconstruyen la idea del hogar como lugar de aislamiento y explicar que puede ser concebido como un campo de batalla fundamental.

«Cómo la casa se ha convertido en campo de batalla, lugar de trabajos múltiples, espacio de nuevos usos de los que se beneficia la economía de plataformas, sitio de aterrizaje de deudas domésticas y de tecnología financiera.» (p. 44)

Deudas en la casa: trabajo no remunerado, plataformas y deuda doméstica

Como en la mayor parte de América Latina, en Argentina la pandemia y las medidas implementadas para afrontarla provocaron un empobrecimiento acelerado de muchos hogares, especialmente en los sectores más vulnerables que podemos calificar de clases populares2. Entre el trabajo informal sin seguridad y/o la imposibilidad de trabajar (trabajadoras de hogar, vendedores ambulantes), los ingresos cayeron y endeudarse se convirtió en la solución. La pandemia cambió las formas de endeudamiento: la deuda se volvió un medio para satisfacer las necesidades diarias, la «deuda doméstica». Ya no se trata de endeudarse para compras puntuales, sino de «endeudarse para vivir».

«Endeudarse para vivir, entonces, tiene impactos subjetivos que reorganizan la cotidianidad y la domesticidad e intensifican los mandatos de género ahora asociados al pago de las deudas […] Una dimensión imprescindible en relación al estudio del endeudamiento doméstico es entender su relación con los trabajos no remunerados, mayoritariamente feminizados.» (p. 14)

Uno de los aportes centrales del libro es arrojar luz sobre la estrecha relación entre la deuda doméstica y el trabajo no remunerado. Las perspectivas feministas pusieron en relieve el trabajo, mayoritariamente femenino (mujeres, lesbianas, transexuales y travestis), realizado en el hogar aunque en algunos espacios populares, este trabajo traspasa sus límites y se adentra en el barrio: el trabajo doméstico y la reproducción social. En definitiva, como lo postulan igualmente autoras de la corriente del feminismo materialista (Delphy, 1998; Guillaumin, 1978a, 1978b; Kergoat, 2012), el trabajo doméstico es obligatorio, poco visible y no remunerado, pero necesario para el desarrollo del capital y del trabajo productivo. Son formas de trabajo que cuestionan la idea del valor del trabajo: ¿cómo podemos medir el valor del trabajo en la sombra que no se reconoce como tal? Durante las primeras semanas de cuarentena, el trabajo doméstico aumentó dentro del hogar. Las autoras explican que fue este trabajo el que permitió organizar la vida cotidiana durante la crisis. Durante este mismo periodo, la categoría de trabajo esencial ocupó un lugar importante en el espacio público y es por ello que Luci Cavallero y Verónica Gago nos invitan a discutirla, a la luz de estas perspectivas feministas. En particular, señalan la tensión que se estructura dentro de esta noción, la del reconocimiento sólo simbólico y efímero del trabajo esencial: a pesar de ser calificado como esencial la remuneración no aumenta.

Además de ser el lugar por excelencia para el aumento del trabajo doméstico, el hogar, según las autoras, se transformó, tomando una frase de las reivindicaciones feministas de los sesenta, en una «fábrica». En este espacio se superpusieron varias formas de trabajo y sus respectivos límites fueron desapareciendo. Luci Cavallero y Verónica Gago hablan de un «continuum de labores» entre el trabajo asalariado, el trabajo doméstico y el trabajo comunitario. Además, todos los costes asociados al trabajo asalariado en su multiplicidad se trasladaron al hogar (pago del alquiler, internet para el teletrabajo y la escolarización, etc.) y el aumento generalizado del trabajo fue favorable a la intrusión de las plataformas en el hogar. En efecto, debido a la falta de tiempo para realizar ciertas tareas domésticas, creció el uso de los servicios ofrecidos por las plataformas (como el «delivery»), lo que contribuyó al aumento de la deuda doméstica. Por último, para Luci Cavallero y Verónica Gago, las viviendas se han convertido en espacios estratégicos para el capital:

«El capital busca aprovechar esta crisis hiperexplotando el espacio doméstico […] nuestra hipótesis es que estamos ante una reestructuración de las relaciones de clase que toma como escena principal el ámbito de la reproducción. […] Los espacios cotidianos de los hogares se han convertido en «terminales» financieras (hacia donde se dirigen dispositivos financieros de deuda, de mediación de ingresos y de consumo, y de captura de renta) pero también son intensificados como lugares de producción de valor (trabajo reproductivo, teletrabajo y trabajo a domicilio en nuevas modalidades) que son explotados por distintos circuitos especulativos.» (pp. 27-29)

Deuda de la casa: violencia y lucha

La pandemia también trastornó y debilitó la situación de muchas personas no propietarias. Correlacionado con endeudamiento doméstico, surgen otras formas de endeudamiento en torno a la vivienda: el pago del alquiler. El pago de la casa suele ser a veces complicado, si no imposible, sobre todo «en un contexto de desregulación inmobiliaria, que permite niveles excesivos de rentabilidad».

«Sin dudas, la especulación inmobiliaria no solo no se detuvo, sino que aumentó a partir de la subida generalizada de precios de los alquileres (tanto en el mercado formal como en el informal) y el incremento de los desalojos a partir de la acumulación de deudas de lxs inquilinxs. Este proceso se intersectó con el fenómeno de financiarización de la reproducción social […] En ese sentido, queremos proponer que un aspecto central del devenir laboratorio de las casas, y específicamente como laboratorios de la intensificación de extracción de rentas, ha sido la retroalimentación de dos problemáticas: el aumento del endeudamiento doméstico junto al aumento del precio de alquileres por acción de la desregulación del mercado. […] Durante la pandemia, la violencia institucional, machista y propietaria se evidenció como una fuerza productiva del extractivismo inmobiliario.» (pp. 30-39)

Para desarrollar este punto, Luci Cavallero y Verónica Gago se basan en un trabajo de campo que realizaron en barrios autoconstruidos de la región de Buenos Aires: la Villa 31 y la 31 Bis. Por un lado, estos barrios reflejan la dinámica del mercado informal de alquiler en la capital argentina. Por otro lado, fueron el lugar donde se estructuraron los inquilinos y las inquilinas como sujetos de reivindicación durante la pandemia.

En 2015, el gobierno de la ciudad de Buenos Aires lanzó un plan de urbanización para varios barrios, entre ellos la Villa 31 y 31 Bis. Frente a este proyecto, y tras unos cambios en la ley, se formó una Asamblea Feminista para hacer valer las demandas de los vecinos y las vecinas de estos barrios. Luci Cavallero y Verónica Gago, entonces miembros del colectivo feminista «Ni Una Menos», trabajaron en colaboración con la Asamblea Feminista para analizar lo que llamaron un proyecto de «urbanización por deuda». En resumen, el proyecto desarrollado por el gobierno consistía en la concesión de una vivienda —de mala calidad— en forma de préstamo a condición de dejar su casa autoconstruida. Una vez la deuda pagada, se entrega el título de propiedad: significando, una casa a cambio de una deuda. Al crédito de la vivienda se suman otros gastos (servicios, impuestos, etc.) que a veces se convierten en deudas impagables, abriendo la puerta a los desalojos legales. Las autoras hablan de «violencia de la deuda» una situación que se desarrolló aún más con la crisis sanitaria. Además, la Asamblea Feminista visibilizó y criticó el hecho de que los títulos de propiedad se concedieran mayoritariamente a hombres o a mujeres heterosexuales con hijos. Luci Cavallero y Verónica Gago destacan que, al final, este proyecto de urbanización por deuda generó una triple situación de violencia —machista, habitacional e institucional— y que, en general, se acentuó la división entre propietarios y no propietarios. Una situación que favorece otro tipo de violencia, lo que las autoras llaman la «violencia propietaria»: abusos por parte de los propietarios, alquileres muy elevados, especialmente en el mercado informal... Todas estas formas de opresión se multiplicaron durante la pandemia. Pero la situación de crisis también pudo ser federativa propiciando la alianza política entre dos movimientos: el colectivo feminista «Ni Una Menos», ya reconocidos como tal en la esfera política y, la agrupación Inquilinos Agrupados, antes de la crisis, un poco en la sombra. Ambos hicieron converger sus luchas respectivas alrededor de la casa y lanzaron la siguiente consigna: «la casa no puede ser un lugar de violencia machista ni de especulación inmobiliaria». Este movimiento de reivindicaciones colectivas, vinculado alrededor de la casa, permitió, finalmente, hacer más visibles varios dilemas políticos que se encarnan en la situación de los inquilinos y, así, constituirlos como sujetos políticos. Finalmente, la reflexión nos ofrece una mirada para pensar la casa no como un espacio privado y aislado, sino como un espacio atravesado por el exterior, un espacio base de reivindicaciones múltiples, un espacio constitutivo de una cierta «centralidad popular» (Collectif Rosa Bonheur, 2019) y participando en la «inscripción territorial» de estos sectores (Merklen, 2009, 2011).

Ventanas abiertas mirando la casa como laboratorio

Pensando «la casa como laboratorio del capital» es la continuidad de un trabajo anteriormente realizado por las mismas autoras alrededor de una «lectura feminista de la deuda» (2019) en el que Luci Cavallero y Verónica Gago destacaron tres procesos que se combinan simultáneamente en la casa: la intrusión de la tecnología financiera en el hogar; la intensificación del trabajo doméstico no remunerado como respuesta a las demandas de la crisis y a la falta de recursos públicos para garantizar la reproducción social; la generación de nuevas deudas como resultado del aumento del trabajo no remunerado, la caída de los ingresos y el incremento de nuevos gastos para la reproducción (alquiler, comida, internet, etc.). La idea del laboratorio también se plantea para dejar claro que estos diversos cambios, estas diversas reconfiguraciones generadas por la pandemia son procesos en movimiento y que no están en absoluto fijados o acabados. La casa es también un campo de batalla, y eso deja espacio para las luchas, las reivindicaciones y la expresión de lo político.

Referencias

Beaunardeau, P., y Merklen, D. (2019). Classes populaires, sectores populares. En D. Merklen y E. Tassin (Dirs.), La diagonale des conflits. Expériences de la démocratie en France et en Argentine (pp. 331-335). Paris: Éditions de l’IHEAL

Béroud, S., Bouffartigue, P., Eckert, H., y Merklen, D. (2016). En quête des classes populaires. Un essai politique. Paris: La Dispute.

Cavallero, L., y Gago, V. (2019). Una lectura feminista de la deuda. ¡Vivas, libres y desendeudadas nos queremos! Buenos Aires: Tinta Limón y Fundación Rosa Luxemburgo.

Collectif Rosa Bonheur (2019). La ville vue d’en bas. Paris: Éditions Amsterdam.

Delphy, C. (1998). L’Ennemi principal. 1. Économie politique du patriarcat. Paris: Syllepse.

Guillaumin, C. (1978a). Pratiques du pouvoir et idée de Nature. (I) L’appropriation des ­femmes. Questions féministes, 2, 5-30.

Guillaumin, C. (1978b). Pratiques du pouvoir et idée de Nature. (II) Le discours de la Nature. Questions féministes, 3, 5-20.

Kergoat, D. (2012). Se battre, disent-elles… Paris: La Dispute.

Merklen, D. (2009). Quartiers populaires, quartiers politiques. Paris: La dispute.

Merklen, D. (2011). Politicité et sociabilité. Quand les classes populaires questionnent la sociologie et la politique (Mémoire principal HDR). Paris: Université Paris Diderot.

1 Encuesta compuesta, por un lado, de entrevistas a mujeres de barrios populares de Buenos Aires (Villa 31 y 31 Bis) entre abril y marzo de 2020 y de un mapeo —comprometido desde 2019— construido conjuntamente con la Asamblea Feminista de la Villa 31 y 31 Bis, y, por otro lado, de una alianza política con la agrupación Inquilinos Agrupados.

2 El concepto de clases populares se caracteriza, en parte, por la dimensión heterogénea y multidimensional del universo que evoca y por la imposibilidad de englobar la realidad empírica que aspira definir. Muchos autores escribieron alrededor de esta idea, pero en este texto, evocamos la idea de clases populares para subrayar la dimensión política que hace parte, en sí, de la diversidad de situaciones de vulnerabilidades sociales (Béroud, Bouffartigue, Eckert y Merklen, 2016; Beunardeau y Merklen, 2018).